Esta vez, el escenario no va a ser mi trabajo, hace poco la mujer que cubría se ha dado de alta médica y ya no tengo que volver, y no me han vuelto a llamar para más trabajo, así que, hoy por hoy, estoy de ama de casa (tampoco creo que lo haya hecho tan mal como para que no me vuelvan a llamar, pero les sale más económico que se cubran entre compañeras que contratar a una foránea... así va el país, explotando a las que ya trabajan y no dando trabajo a los que están sin él).
Primero de todo os pongo en antecedentes: en mi familia no existen divorcios, un matrimonio es para toda la vida, "hasta que la muerte nos separe". La vida de una persona en mi familia es: nacer, crecer, desarrollarse, estudiar, casarse (siempre por la Iglesia), tener hijos, trabajar y trabajar, tener nietos (porque la siguiente generación tiene el mismo patrón) y seguir viviendo hasta que se deja de vivir.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que somos una familia tradicional. Que cuando conocí a mi marido por Internet, al otro lado del país, me llamaron de todo menos bonita, (no es una manera tradicional de encontrar a la persona con la que compartir tu vida). Y bueno, no me extenderé más, espero que hayáis entendido a lo que me refiero.
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El sábado pasado fui a ver a mi abuela paterna a la residencia de ancianos (no somos unos desalmados, está mucho mejor allí que sola en casa, os lo aseguro, la tienen super-mimada y todos los residentes son tratados con cariño y mucho respeto). Pues iba con mi padre en el coche hacia allá. Cuando empezó a decirme que mi prima (una de ellas) volví a estar en Italia...
[Mi prima es una chica bohemia, estudió restauración y bellas artes, se acerca a los 30 años, no tiene pareja oficial, sólo un amigo con derecho a roce. Y está siempre de aquí para allá, o por trabajo o por ocio.]
...A lo que yo respondo:
-¿Otra vez? - Acababa de llegar hacia menos de un mes de allá, con una terrible gastroenteritis y durmiendo durante una semana una media de tres horas por noche . Pero mi padre muy lejos de mis palabras respondió:
-Aún va a acabar casándose con un italiano-. En eso, me reí.
-Mi prima no es de las que se casan...- le respondí muy decidida. Y mi padre con la mirada fija en la carretera, torció el gesto, arrugó el bigote y empequeñeció los ojos:
-A este ritmo nos van a invadir los chinos.

Conclusión: si mi prima no se casa, los chinos nos van a invadir. Más me vale ponerme a estudiar chino.

bueno amigta tradicional supongo que por internet tambien se enamoran las persona , mi hija tamvien se conocio por internet y por culpa de esto soy abuelo por dos,
que se le va acer me as entretenido un ratito amiga un saludo y gracias por tu vicita en mi blog
a y lo de divorciarse nunca se sabe
jajajaja
me hizo gracia, porque mi abuelita era así cuando yo era chiquita. Con el tiempo, y las experiencias de todos sus nietos (que tiene más de diez), ha aprendido a no sorprenderse...
es como cuando tienes un hijo, y no le dejas hacer nada. El segundo ya tiene el camino libre de disputas. Y el tercero, sale por él tantas veces quiere...
besos
Soy de los contrarios a que los abuelos sean recluidos en ancianatos, ellos necesitan el calor humano de sus familiares y no estar lejos de los suyos.
Un abrazo
Yon
Gracias a todos por vuestros comentarios.
Pero en ningún momento quise sobresalir el tema de mi familia tradicional y menos sobre mi abuela en la residencia de ancianos (si la conocieras no dirías eso, Yon). Sino que quería recalcar mi conclusión, que igual que con los niños en el trabajo (ex-trabajo) está fuera de lugar y acaba siendo graciosa.